A media noche sucede algo inesperado en plena selva mexicana. El enigmático B. Traven hila una novela con tanto suspense como crítica.
Conocí a B. Traven buscando libros ilustrados por Gabriel Fernández Ledesma. Casualidad o destino, fue así la primera vez que supe de la existencia de este autor a través de una de las primeras obras que escribió al poco de llegar a México, Puente en la Selva. Mi predilección a la pintura, el grabado y la ilustración me ha llevado a descubrir algunos libros en los que salvando sus gráficos, poco más contenido hay de valor. Afortunadamente, encontré que en Puente en la Selva los dibujos de Fernández Ledesma entablan un perfecto diálogo con el texto de Traven.
Esta novela se escribió originalmente en alemán en la segunda mitad de la década de los 20 del siglo pasado y no fue hasta 1936 cuando se publica por primera vez en español en la ciudad de Buenos Aires. En 1941, Ediciones A.P. Márquez imprime en México la primera traducción al español autorizada por el autor y realizada por Esperanza López Mateos. Esta edición cuenta con las ilustraciones de Fernández Ledesma, una encuadernación rústica y un tiraje de 2,200 ejemplares. Fue la lectura de uno de ellos la que dio lugar a esta reseña.
Vaya por delante que esta obra no es para cualquier lector. Creo que el autor tampoco así lo buscaba. Buscando referencias y opiniones en la red previas a su lectura llegué a encontrar alguna que la tachaba de aburrida y carente de trama. Lo justifico. Puente en la selva no es una novela al uso, desde luego. Su autor no necesita mucho más de una noche y un pequeño poblado de la selva mexicana para hilar una historia que atrapa desde sus primeras páginas y lleva al lector a vivir en primera persona los sucesos dramáticos que acontecen. En esta obra, el ingenio de Traven se manifiesta en la sencillez y en los detalles, muchos de ellos desapercibidos sin una segunda lectura de la misma.
En Puente en la Selva comienza a destacar también el pensamiento político e interés antropológico que acompañó durante toda su vida a Traven. A pesar de llevar en suelo mexicano menos de un lustro cuando escribe esta obra, el autor ya tiene un conocimiento profundo del México posrevolucionario que no se aprecia tanto en el lenguaje de la misma, debilitado siempre que hay una traducción de por medio (sin quitar ningún mérito a esta, dicho sea de paso), pero sí destaca en los hechos y personajes descritos. Así, las figuras del agrarista y sus anhelos o el maestro y su situación precaria, por ejemplo, ayudan a contextualizar el relato y ponen de manifiesto la situación política y social en el que se desarrolla.
Como añadido, me atrevería a decir que Traven ubica geográficamente el lugar donde se desarrolla la historia de Puente en la selva cuando al iniciar el segundo capítulo escribe que "hacía yo un difícil recorrido a caballo por la selva que atraviesa el río Huayalexco". He podido leer otros artículos y reseñas que hay quien ubican el relato en la selva chiapaneca o incluso en un lugar ficticio. No obstante, sabiendo que B. Traven llegó a México por el puerto de Tampico, no sería descabellado decir que la selva o el bosque en la que viven Sleigh y los demás personajes de la novela es aquella que rodea el rio Guayalejo que hoy atraviesa el municipio de Llera de Canales, en el estado de Tamaulipas.
Puente en la Selva es, en definitiva, un homenaje a la concepción mexicana de la muerte. Ambientada en una noche oscura de la selva mexicana, la fiesta esperada por los vecinos de un pequeño poblado no transcurre según esperaban. Será esto el presagio de los dramáticos acontecimientos que suceden después. Sleigh, Manuel, la mujer del maquinista o la García son algunos de los personajes principales que protagonizan la novela. Otros personajes secundarios servirán al autor para sazonar esta novela con un toque de crítica y reflexión. El relato se convierte así en un espejo en el que la sociedad mexicana moderna puede mirarse para darse cuenta que, un siglo después, muchos de sus problemas siguen vigentes.


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