Azuela nos comparte una reflexión de la Revolución distinta a la idea romántica que, a menudo hoy, nos hacemos de ella.
Leer un clásico siempre supone hacerlo con ciertas ideas prestablecidas sobre él. Hay diversas fuentes de información que te hacen esperar una cosa u otra de él. En el caso de "Los de abajo" me encontré una novela bastante diferente a lo esperado. No podría decir si fue mejor o peor. Diferente sería lo correcto. Y es que un siglo después y a pesar de todo lo que se ha dicho sobre la Revolución Mexicana es posible que esté pendiente una revisión de la misma. "Los de abajo" transmite el desaliento contra un movimiento armado que pronto perdió su sentido para acabar convertida en una guerra fraticida. Por ello, es imposible comprender esta obra sin entender su contexto y papel dentro de la literatura mexicana.
El texto de Mariano Azuela, médico de profesión que durante la contienda revolucionaria luchó en el bando villista, se consagró en el siglo pasado como una de las lecturas fundamentales de la literatura mexicana moderna y las referencias, artículos y estudios que encontramos hoy sobre él son numerosos, incluyendo su versión cinematográfica. Sin embargo, "Los de abajo" no contó siempre con esta popularidad. Escrita durante la Revolución mexicana, se publicó por primera vez en Texas en el año 1916. La novela fue prácticamente ignorada hasta que, una década después, el régimen que emanó del conflicto armado, con José Vasconcelos como referente ideológico, buscó un lenguaje estético que legitimara su lucha y difundiera sus principios. Surgió así el muralismo en el ámbito plástico y, en medio de un debate sobre la necesidad de una nueva literatura que sustituyera a la corriente afeminada que existía hasta entonces, se rescata y populariza la novela de Azuela como ejemplo de la literatura viril que requería el nuevo poder. El estado se apropia de "Los de abajo" y la obra se convierte en la primera del género que posteriormente se ha conocido como novela de la revolución.
En ese momento, comienzan a publicarse nuevas ediciones y su repercusión cruza las fronteras para llegar a otros países. En España, por ejemplo, se publica por primera vez en 1927 por la editorial Biblos y en el año 1930 la editorial Espasa-Calpe lanza otra edición ilustrada por Manuel Benet. Uno de los ejemplares de esta edición fue el que llegó hasta mi biblioteca y sirvió para la lectura que sustenta esta reseña. La edición presente algunas particularidades curiosas. Por un lado, contiene notas a pie de página que traducen ciertas expresiones mexicanas al español ibérico; por otro, el artista español realiza unas ilustraciones en las que interpreta los hechos revolucionarios con más libertad y sencillez que sus homólogos mexicanos.
"Los de abajo" narra las batallas de Demetrio Macías, un ranchero convertido en líder revolucionario que, por cuestiones más personales que ideológicas, decide enfrentar a los federales junto a un grupo de conocidos. Las victorias que obtienen hacen que crezca su reconocimiento y poder pero la división entre Villa y Carranza les obliga a tomar partido en una lucha que ya no terminan de entender. Demetrio es el protagonista principal con quien empieza y termina la obra. A lo largo de ellas aparecen y desaparecen otros personajes de entre los que destacan dos: Luis Cervantes y Camila.
Luis Cervantes, en quien el autor pudo verse reflejado, es un estudiante de medicina que deserta del bando federal para unirse al ejército de Macías. A través de sus reflexiones el autor hace una denuncia de la realidad de la Revolución: la violencia contra el pueblo se volvió común en ambos bandos y muchos de los caudillos revolucionarios no tenían mayor motivación que el interés personal.
- ¡Qué hermosa es la revolución, aun en su misma barbarie!- pronunció Solís conmovido. Luego, en voz baja y con vaga melancolía:
- Lástima que lo que falta no sea igual. Hay que esperar un poco. A que no haya combatientes, a que no se oigan más disparos que los de las turbas entregadas a las delicias del saqueo; a que resplandezca diáfana, como una gota de agua, la psicología de nuestra raza, condensada en dos palabras: ¡robar, matar!... ¡Qué chasco, amigo mío, si los que venimos a ofrecer todo nuestro entusiasmo, nuestra misma vida por derribar a un miserable asesino, resultásemos los obreros de un monstruoso pedestal donde pudieran levantarse cien o doscientos mil monstruos de la misma especie!... ¡Pueblo sin ideales! ¡Pueblo de tiranos!... ¡Lástima de sangre!
Por su parte, el personaje de Camila me llama especialmente la atención. Siempre es difícil juzgar hoy los acontecimientos de otro tiempo, con valores y perspectivas totalmente diferentes. Sin embargo, la historia de Camila en la novela es especialmente dramática y habla del papel que la mujer tuvo en la Revolución. Este papel no fue secundario ni residual pero siempre estuvo subordinado a la figura de los líderes masculinos cuya conducta hoy, afortunadamente, sería tachada de machista y misógina.
"Y suspiró.
- Ahí está Camila, la del ranchito...La muchachilla es fea, pero si viera cómo me llena el ojo...
- El día que usted quiera, nos la vamos a traer, mi general.
Demetrio guiñó los ojos con malicia.
- Le juro que se la hago buena, mi general.
- ¿De veras, curro?... Mire, si me hace esa valedura, pa usté es el reló con todo y leopoldina de oro, ya que le cuadra tanto."
En cuanto al aspecto forma, "Los de abajo" es una novela de lectura rápida y lenguaje coloquial. Está divida en tres partes: la primera, con veintiún capítulos, sirve de introducción y contexto a la historia; la segunda, con catorce capítulos, profundiza en la lucha revolucionaria y sus problemas; y la tercera parte, con siete capítulos, narra el desenlace y destino de los principales personajes. En cuanto al rigor histórico hay que destacar que, como novela que es, en "Los de abajo" no se puede establecer una línea entre la ficción y la realidad. No obstante, el hecho de que fuera escrita durante la revolución mexicana y su autor participara personalmente en ella son motivos suficientes para otorgarle un valor testimonial relevante.
En lo personal, tengo que reconocer que la lectura de esta novela me mostró otra obra diferente a la que esperaba. Los capítulos cortos y el tiempo que transcurre entre uno y otro no ayudan a profundizar en la trama y sus personajes. Sin embargo, hacen que sea una lectura rápida y amena. Me quedo, desde luego, con las reflexiones que ofrece sobre el sentido de Revolución y las pinceladas que hace de la sociedad de entonces. En cuanto a la edición, disfruté especialmente las notas, que fueron de ayuda para comprender ciertos términos de la época como catrines, juanes o faceto.





