domingo, 11 de septiembre de 2022

Los de abajo, de Mariano Azuela (Reseña)

Azuela nos comparte una reflexión de la Revolución distinta a la idea romántica que, a menudo hoy, nos hacemos de ella.

Leer un clásico siempre supone hacerlo con ciertas ideas prestablecidas sobre él. Hay diversas fuentes de información que te hacen esperar una cosa u otra de él. En el caso de "Los de abajo" me encontré una novela bastante diferente a lo esperado. No podría decir si fue mejor o peor. Diferente sería lo correcto. Y es que un siglo después y a pesar de todo lo que se ha dicho sobre la Revolución Mexicana es posible que esté pendiente una revisión de la misma. "Los de abajo" transmite el desaliento contra un movimiento armado que pronto perdió su sentido para acabar convertida en una guerra fraticida. Por ello, es imposible comprender esta obra sin entender su contexto y papel dentro de la literatura mexicana.

 


El texto de Mariano Azuela,  médico de profesión que durante la contienda revolucionaria luchó en el bando villista, se consagró en el siglo pasado como una de las lecturas fundamentales de la literatura mexicana moderna y las referencias, artículos y estudios que encontramos hoy sobre él son numerosos, incluyendo su versión cinematográfica. Sin embargo, "Los de abajo" no contó siempre con esta popularidad. Escrita durante la Revolución mexicana, se publicó por primera vez en Texas en el año 1916. La novela fue prácticamente ignorada hasta que, una década después, el régimen que emanó del conflicto armado, con José Vasconcelos como referente ideológico, buscó un lenguaje estético que legitimara su lucha y difundiera sus principios. Surgió así el muralismo en el ámbito plástico y, en medio de un debate sobre la necesidad de una nueva literatura que sustituyera a la corriente afeminada que existía hasta entonces, se rescata y populariza la novela de Azuela como ejemplo de la literatura viril que requería el nuevo poder. El estado se apropia de "Los de abajo" y la obra se convierte en la primera del género que posteriormente se ha conocido como novela de la revolución.

En ese momento, comienzan a publicarse nuevas ediciones y su repercusión cruza las fronteras para llegar a otros países. En España, por ejemplo, se publica por primera vez en 1927 por la editorial Biblos y en el año 1930 la editorial Espasa-Calpe lanza otra edición ilustrada por Manuel Benet. Uno de los ejemplares de esta edición fue el que llegó hasta mi biblioteca y sirvió para la lectura que sustenta esta reseña. La edición presente algunas particularidades curiosas. Por un lado, contiene notas a pie de página que traducen ciertas expresiones mexicanas al español ibérico; por otro, el artista español realiza unas ilustraciones en las que interpreta los hechos revolucionarios con más libertad y sencillez que sus homólogos mexicanos.



"Los de abajo" narra las batallas de Demetrio Macías, un ranchero convertido en líder revolucionario que, por cuestiones más personales que ideológicas, decide enfrentar a los federales junto a un grupo de conocidos. Las victorias que obtienen hacen que crezca su reconocimiento y poder pero la división entre Villa y Carranza les obliga a tomar partido en una lucha que ya no terminan de entender. Demetrio es el protagonista principal con quien empieza y termina la obra. A lo largo de ellas aparecen y desaparecen otros personajes de entre los que destacan dos: Luis Cervantes y Camila.

Luis Cervantes, en quien el autor pudo verse reflejado, es un estudiante de medicina que deserta del bando federal para unirse al ejército de Macías. A través de sus reflexiones el autor hace una denuncia de la realidad de la Revolución: la violencia contra el pueblo se volvió común en ambos bandos y muchos de los caudillos revolucionarios no tenían mayor motivación que el interés personal.

- ¡Qué hermosa es la revolución, aun en su misma barbarie!- pronunció Solís conmovido. Luego, en voz baja y con vaga melancolía:

- Lástima que lo que falta no sea igual. Hay que esperar un poco. A que no haya combatientes, a que no se oigan más disparos que los de las turbas entregadas a las delicias del saqueo; a que resplandezca diáfana, como una gota de agua, la psicología de nuestra raza, condensada en dos palabras: ¡robar, matar!... ¡Qué chasco, amigo mío, si los que venimos a ofrecer todo nuestro entusiasmo, nuestra misma vida por derribar a un miserable asesino, resultásemos los obreros de un monstruoso pedestal donde pudieran levantarse cien o doscientos mil monstruos de la misma especie!... ¡Pueblo sin ideales! ¡Pueblo de tiranos!... ¡Lástima de sangre!

Por su parte, el personaje de Camila me llama especialmente la atención. Siempre es difícil juzgar hoy los acontecimientos de otro tiempo, con valores y perspectivas totalmente diferentes. Sin embargo, la historia de Camila en la novela es especialmente dramática y habla del papel que la mujer tuvo en la Revolución. Este papel no fue secundario ni residual pero siempre estuvo subordinado a la figura de los líderes masculinos cuya conducta hoy, afortunadamente, sería tachada de machista y misógina.

"Y suspiró.

- Ahí está Camila, la del ranchito...La muchachilla es fea, pero si viera cómo me llena el ojo...

- El día que usted quiera, nos la vamos a traer, mi general.

Demetrio guiñó los ojos con malicia.

- Le juro que se la hago buena, mi general.

- ¿De veras, curro?... Mire, si me hace esa valedura, pa usté es el reló con todo y leopoldina de oro, ya que le cuadra tanto."



En cuanto al aspecto forma, "Los de abajo" es una novela de lectura rápida y lenguaje coloquial. Está divida en tres partes: la primera, con veintiún capítulos, sirve de introducción y contexto a la historia; la segunda, con catorce capítulos, profundiza en la lucha revolucionaria y sus problemas; y la tercera parte, con siete capítulos, narra el desenlace y destino de los principales personajes. En cuanto al rigor histórico hay que destacar que, como novela que es, en "Los de abajo" no se puede establecer una línea entre la ficción y la realidad. No obstante, el hecho de que fuera escrita durante la revolución mexicana y su autor participara personalmente en ella son motivos suficientes para otorgarle un valor testimonial relevante. 

En lo personal, tengo que reconocer que la lectura de esta novela me mostró otra obra diferente a la que esperaba. Los capítulos cortos y el tiempo que transcurre entre uno y otro no ayudan a profundizar en la trama y sus personajes. Sin embargo, hacen que sea una lectura rápida y amena. Me quedo, desde luego, con las reflexiones que ofrece sobre el sentido de Revolución y las pinceladas que hace de la sociedad de entonces. En cuanto a la edición, disfruté especialmente las notas, que fueron de ayuda para comprender ciertos términos de la época como catrines, juanes o faceto.

viernes, 2 de septiembre de 2022

Puente en la selva, de B. Traven (Reseña)

A media noche sucede algo inesperado en plena selva mexicana. El enigmático B. Traven hila una novela con tanto suspense como crítica.




Conocí a B. Traven buscando libros ilustrados por Gabriel Fernández Ledesma. Casualidad o destino, fue así la primera vez que supe de la existencia de este autor a través de una de las primeras obras que escribió al poco de llegar a México, Puente en la Selva. Mi predilección a la pintura, el grabado y la ilustración me ha llevado a descubrir algunos libros en los que salvando sus gráficos, poco más contenido hay de valor. Afortunadamente, encontré que en Puente en la Selva los dibujos de Fernández Ledesma entablan un perfecto diálogo con el texto de Traven.

Esta novela se escribió originalmente en alemán en la segunda mitad de la década de los 20 del siglo pasado y no fue hasta 1936 cuando se publica por primera vez en español en la ciudad de Buenos Aires. En 1941, Ediciones A.P. Márquez imprime en México la primera traducción al español autorizada por el autor y realizada por Esperanza López Mateos. Esta edición cuenta con las ilustraciones de Fernández Ledesma, una encuadernación rústica y un tiraje de 2,200 ejemplares. Fue la lectura de uno de ellos la que dio lugar a esta reseña.

Vaya por delante que esta obra no es para cualquier lector. Creo que el autor tampoco así lo buscaba. Buscando referencias y opiniones en la red previas a su lectura llegué a encontrar alguna que la tachaba de aburrida y carente de trama. Lo justifico. Puente en la selva no es una novela al uso, desde luego. Su autor no necesita mucho más de una noche y un pequeño poblado de la selva mexicana para hilar una historia que atrapa desde sus primeras páginas y lleva al lector a vivir en primera persona los sucesos dramáticos que acontecen. En esta obra, el ingenio de Traven se manifiesta en la sencillez y en los detalles, muchos de ellos desapercibidos sin una segunda lectura de la misma. 

En Puente en la Selva comienza a destacar también el pensamiento político e interés antropológico que acompañó durante toda su vida a Traven. A pesar de llevar en suelo mexicano menos de un lustro cuando escribe esta obra, el autor ya tiene un conocimiento profundo del México posrevolucionario que no se aprecia tanto en el lenguaje de la misma, debilitado siempre que hay una traducción de por medio (sin quitar ningún mérito a esta, dicho sea de paso), pero sí destaca en los hechos y personajes descritos. Así, las figuras del agrarista y sus anhelos o el maestro y su situación precaria, por ejemplo, ayudan a contextualizar el relato y ponen de manifiesto la situación política y social en el que se desarrolla. 



Como añadido, me atrevería a decir que Traven ubica geográficamente el lugar donde se desarrolla la historia de Puente en la selva cuando al iniciar el segundo capítulo escribe que "hacía yo un difícil recorrido a caballo por la selva que atraviesa el río Huayalexco". He podido leer otros artículos y reseñas que  hay quien ubican el relato en la selva chiapaneca o incluso en un lugar ficticio. No obstante, sabiendo que B. Traven llegó a México por el puerto de Tampico, no sería descabellado decir que la selva o el bosque en la que viven Sleigh y los demás personajes de la novela es aquella que rodea el rio Guayalejo que hoy atraviesa el municipio de Llera de Canales, en el estado de Tamaulipas.

Puente en la Selva es, en definitiva, un homenaje a la concepción mexicana de la muerte. Ambientada en una noche oscura de la selva mexicana, la fiesta esperada por los vecinos de un pequeño poblado no transcurre según esperaban. Será esto el presagio de los dramáticos acontecimientos que suceden después. Sleigh, Manuel, la mujer del maquinista o la García son algunos de los personajes principales que protagonizan la novela. Otros personajes secundarios servirán al autor para sazonar esta novela con un toque de crítica y reflexión.  El relato se convierte así en un espejo en el que la sociedad mexicana moderna puede mirarse para darse cuenta que, un siglo después, muchos de sus problemas siguen vigentes.

jueves, 1 de septiembre de 2022

5 motivos por los que prefiero los libros viejos

 A la hora de comprar un libro siempre tengo predilección por uno viejo ( y si fuera primera edición, mucho mejor, pero esto da para otra entrada). No rechazo ni desprecio con ellos la literatura moderna ni los autores contemporáneos. Pero un libro viejo tiene cierto encanto para mí que va más allá del propio texto. Leerlos se convierte en toda una experiencia que abarcan diferentes sentidos: desde la vista, sin la cual la lectura sería imposible hasta el olfato que nos permite disfrutar de ese olor tan característico del libro viejo, pasando por el tacto que utilizamos al acariciar los diferentes papeles y otros materiales que se han empleado a través de las décadas en la elaboración de los libros.

Cabe hacer una aclaración antes de seguir. Libro viejo no es sinónimo de clásico. El escritor y crítico español Carlos García Gual aclara que "clásicos son aquellos libros leídos con una especial veneración a lo largo de los siglos". El término "clásico", por tanto, hace referencia al texto, al contenido; en cambio, cuando se habla de libro viejo, se habla del continente, de la edición. Los clásicos, de hecho, tienden a publicarse de manera periódica y es fácil encontrar ediciones recientes. Se pueden encontrar también ediciones antiguas de los clásicos, siendo algunas de ellas muy cotizadas. Pero lo cierto y verdad es que la inmensa mayoría de los libros viejos no pueden ser catalogados de clásicos. La mayoría de libros, tanto viejos como nuevos, apenas cuentan con una única edición de varios miles de ejemplares que con el paso del tiempo acaban desapareciendo y su contenido es olvidado. De ahí la importancia de las bibliotecas y las librerías de viejo, a través a de las cuáles se conserva buena parte del conocimiento del pasado.

Hecha esta apreciación nos centraremos en los libros viejos y compartiré 5 motivos por los que los prefiero frente a los ejemplares sacados de la imprenta. Y si después de leerlos quieres añadir alguno más o, por el contrario, compartir tus motivos por los que no te interesan, te recuerdo que tienes los comentarios para compartirnos tu opinión:

1. Redescubrir los clásicos

Hablando de los clásicos, cabe destacar que con el paso de los años estos se adaptan y, de alguna forma, se transforman. Además, más allá del propio texto de la obra que llamamos clásico, cada edición puede contener prólogos o notas diferentes redactados por autores de la época en la que se publican. Así, leer una edición antigua de un clásico nos puede permitir tener una perspectiva diferente del clásico.

2. Conocer fuentes directas de la historia

Muchos libros viejos del género histórico, ensayo o incluso novela han sido escritos por autores que han vivido en primera persona el tema y contexto que tratan en sus obras. Así, sus obras se convierten en una fuente directa que nos permite conocer diferentes épocas de la mano de quienes las han vivido. No obstante, esta implicación les hace también escribir con cierta subjetividad. Por lo que al leer uno de estos libros hay que hacerlo también con el filtro crítico que nos da el paso del tiempo.

3. Encontrarte con pequeños tesoros

Es una de las cosas que más disfruto de leer un libro viejo: pasas una hoja y te encuentras en su interior con alguna fotografía, nota manuscrita o recorte de periódico de unas cuántas décadas atrás. Te imaginas el momento en el que alguno de sus propietarios anteriores lo guardó, tal vez a modo de marcapáginas, y disfrutas del pequeño viaje en el tiempo que te regalan. Cuando encuentro alguno de estos pequeños tesoros, los disfruto durante un momento y los regreso al lugar donde los encontré como si fueran una parte más del libro, sin saber cuándo ni quién los volverá a disfrutar. Y es que además del contenido escrito, cada libro guarda su propia historia, que depende en buena medida de la historia de las manos por las que ha pasado. 



4. Lectura para todos los bolsillos

¿Los libros son caros? Pues como en todo, dependerá del bolsillo y las prioridades de quién se haga la pregunta. No obstante, hay libros viejos prácticamente regalados. Pueden ser saldos, remates o incluso libros que presenten algún desperfecto sin que ello afecta a su lectura. Así, los libros viejos abren una gran gama de alternativas para la lectura de todos los bolsillos. Y cuando hablamos de todos, son de todos; porque también hay ejemplares que por diferentes circunstancias como su antigüedad o rareza llegan a venderse u subastarse en cifras que apenas unos cuántos pueden permitirse.

5. Leer con los cinco sentidos

Lo dije al inicio de esta entrada y con ello termino también. La lectura es una grata experiencia pero cuando lo que se tiene entre las manos es un libro viejo, la experiencia se multiplica. Un libro, por sí solo, puede llegar a ser una obra de arte. La encuadernación, las ilustraciones que tenga o los materiales que en él se empleen son algunos de los elementos que, sumados al tiempo transcurrido, hacen del libro viejo un objeto especial. Y añado una apreciación personal: los libros modernos, elaborados en líneas de producción con los avances tecnológicos de los que hoy se disponen, han perdido buena parte del cuidado y atención que se ponía a la hora de realizar los tirajes del pasado. Por ejemplo, en pocas ediciones se puede encontrar ya el número de ejemplares y el nombre o nombres de las personas que han estado a cargo de las mismas, cosa que era frecuente hasta hace algunas décadas.


miércoles, 31 de agosto de 2022

Bienvenidos al jacal de Sleigh

¡Bienvenidas, bienvenidos! En pleno año 2022 y en medio de tantas redes sociales en las que reina el vídeo y la fotografía, abrir un blog debe debe ser un acto de resistencia. El pozo sin fondo de información en el que se ha convertido Internet nos permite acceder a la mayor cantidad de conocimiento nunca imaginado. Sin embargo, la inmediatez a la que nos hemos acostumbrado hace que la mayoría de esa información caiga rápidamente en el olvido y el conocimiento que tenemos como sociedad posiblemente sea más limitado de lo que pensamos. Al fin y al cabo, siguen siendo un pequeño puñado de empresas las que determinan lo que leemos, vemos e incluso pensamos.

Por todo ello me he decidido a abrir este blog. Busco que se convierta en un espacio personal. Su única pretensión será el de la satisfacción personal. Si más allá de eso existe un intercambio de conocimientos y opiniones, la satisfacción será doble, desde luego. Este blog no es mi primero y no sé si será el último, pero nace con la vocación de perdurar en el tiempo. En su contenido predominará el Arte y la Historia. Después de unos cuantos años de interés por estos ámbitos me sigo preguntando cuál será el motivo de ello. Unos temas que para la mayoría son aburridos y que cuando interesan es solo porque han sido convertidos en negocio y se habla de ellos con un lenguaje económico. Si quieren una muestra pueden realizar una búsqueda rápida en la red y verán que los resultados que habla del Arte como inversión o burbuja, por ejemplo. Aquí, la principal motivación será el gusto y la afición.

El título del blog hace referencia a uno de los personajes de B. Traven en su obra "Puente en la Selva". Sleigh es un "gringo", como se menciona en la propia novela, que lleva varias décadas residiendo en México. Su mujer es nativa de este país y sus hijos no conocen otro idioma que el castellano. Vaya, que casi se podría decir que, más que "gringo", es un mexicano que nació en Estados Unidos. Tiene un carácter peculiar, quizá por su propia historia precisamente. Quien emigra puede llegar a asimilar la nueva cultura de destino pero nunca llega a desprenderse totalmente de la de origen. 

"Él tenía razón. Sleigh estaba en lo cierto. No tenía objeto discutir esas cosas con él. Había vivido demasiado tiempo entre esas gentes, había aceptado todas sus creencias. Creía, como los indios, en cuanta cosa rara veía o escuchaba."

En buena medida me sentí identificado con Sleigh y adopté su nombre para este espacio, que ahora será mi jacal. 

Y el tuyo, porque sus puertas siempre estarán abiertas. En una época en la que parece que la libertad está cada vez más limitada, el debate nunca está de más. Así que estaré más que agradecido con el tiempo que me dediquen y encantado de recibir sus comentarios, más aún si son para expresar diferentes puntos de vista. 

Los de abajo, de Mariano Azuela (Reseña)

Azuela nos comparte una reflexión de la Revolución distinta a la idea romántica que, a menudo hoy, nos hacemos de ella. Leer un clásico siem...